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Mis primeros días en Oaxaca fueron increíbles. La familia con la que me quedé fue tan buena gente y tan lindos conmigo y con mis compañeras que desde el primer momento me sentí como en casa. En nuestro primer días visitamos Monte Albán, la Catedral de Oaxaca y varios lugares más que nos dejaron maravilladas. También tuvimos la oportunidad de probar muchísimas comidas típicas: las marquesitas, los esquites y el café mexicano, que estaba delicioso. Cada experiencia hizo que me enamorara aún más de Oaxaca y de su cultura.
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